Regímenes agroalimentarios y dependencia estructural en América Latina y el Caribe: análisis de la producción y el comercio en 2023
Agri-food Regimes and Structural Dependence in Latin America and the Caribbean: An Analysis of Production and Trade in 2023
Fecha de recepción:
31 de enero 2025
Fecha de aprobación:
7 de mayo 2025

José Luis Saldaña Contreras
México
Universidad de Guadalajara
joseluis.salana@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0009-0002-0630-5836
Resumen
Este artículo examina los regímenes agroalimentarios en América Latina y el Caribe desde una perspectiva estructural crítica, mediante un enfoque mixto que combina datos de FAOSTAT (2023) y revisión teórica sobre dependencia. Se construyeron tipos ideales para caracterizar modelos regionales y se analizó el caso mexicano con datos de SADER. Los hallazgos muestran una concentración productiva, especialización agrícola y subordinación comercial, así como una dualidad estructural en el caso mexicano. Se concluye que persisten dinámicas de dependencia y desigualdad, por lo que se requieren modelos más diversificados y sostenibles.
Palabras clave: agroindustria, balanza comercial, dependencia, desarrollo sostenible, producción alimentaria.
Abstract
This article examines agri-food regimes in Latin America and the Caribbean from a critical structural perspective, using a mixed-method approach that combines FAOSTAT (2023) data with theoretical review on dependency. Ideal types were constructed to characterize regional models, and the Mexican case was analyzed using SADER data. Findings reveal production concentration, agricultural specialization, and commercial subordination, as well as a structural duality in Mexico. The study concludes that dependency and inequality persist, highlighting the need for more diversified and sustainable models.
Key words: agroindustry, dependence, food production, sustainable development, trade balance.
La reconfiguración global de las cadenas agroalimentarias influenciadas por el financiamiento, la digitalización y las crisis ambientales, presenta desafíos estructurales para América Latina y el Caribe (ALC). Su creciente relevancia como región exportadora, se evidenció con el 14 % de la producción mundial en 2021 y un comercio agroalimentario intrarregional de casi 51 mil millones de dólares (MDD) en 2023 (CEPAL, FAO y IICA, 2021, 2023). No obstante, persisten tensiones entre crecimiento, desigualdad y soberanía alimentaria. Asimismo, las relaciones de producción dependientes, la concentración de beneficios y la exclusión de pequeños productores reproducen patrones de pobreza rural y debilitan la persistencia campesina (Carlson, 2019; Boltvinik y Mann, 2020).
Aunque se han impulsado iniciativas para modernizar la agricultura y fortalecer la sostenibilidad en ALC, su impacto ha sido desigual debido a regímenes productivos con baja inversión y lógicas especulativas en la acumulación de tierras (Goulet et al., 2019; Carlson, 2019). Además, el uso limitado de tecnologías y las bajas tasas de adopción, en comparación con países más desarrollados (CEPAL, FAO y IICA, 2023), dificultan la conformación de cadenas de valor y restringen la diversificación económica, especialmente en regiones con mayores rezagos estructurales (Namdar et al., 2020).
La literatura especializada señala que, los regímenes agroalimentarios en ALC están fuertemente condicionados por las dinámicas globales del capitalismo, aunque presentan particularidades nacionales suelen integrarse a cadenas de valor orientadas a la exportación mediante cultivos intensivos en detrimento de la diversificación local (Friedman y McMichael, 1989). Para Moore (2020), las crisis ecológicas y sociales no son anomalías, sino consecuencias inherentes al capitalismo, profundizadas por estos regímenes que refuerzan la desigualdad y la degradación ambiental a escala global.
Frente al avance de los grandes capitales agroalimentarios, los pequeños agricultores en ALC enfrentan presiones para subsistir (Van der Ploeg, 2013). No obstante, lejos de ser pasivos, despliegan estrategias de diversificación y resistencia local (Van der Ploeg, 2018). Estas formas de agencia, aunque pueden llegar a ser significativas, operan dentro de estructuras de subordinación económica más amplias. En este marco, la teoría de la dependencia ofrece herramientas analíticas para analizar las relaciones de poder que configuran los regímenes agroalimentarios regionales.
Desde Prebisch (1949), con su crítica al deterioro de los términos de intercambio, hasta Frank (1967) y Cardoso y Faletto (1979), la teoría de la dependencia ha mostrado cómo la especialización productiva en ALC reproduce jerarquías globales que afectan a los distintos sectores económicos. Marini (1973) y Dos Santos (1978) enfatizaron la superexplotación del trabajo y el imperialismo como ejes del modelo dependiente. Quijano (2000) incorporó la dimensión ideológica mediante la «colonialidad del poder», donde la subordinación económica se entrelaza con jerarquías culturales y epistémicas que moldean los saberes y prácticas vinculados a la producción y comercialización de alimentos.
Este enfoque resulta pertinente para comprender las dinámicas agroalimentarias en ALC, donde persisten lógicas extractivistas mediante enclaves productivos que benefician a élites regionales y actores transnacionales, en detrimento de la diversificación y la autonomía locales. Casos como el agronegocio de fresa en México (Feder, 1977) y el del aguacate (Saldaña y Cantero, 2024) ilustran estos procesos. Otros estudios destacan la forma que la dependencia y el extractivismo configuran la inserción internacional de la región en la globalización neoliberal (Ellner, 2021; Alonso, 2012). Así, actualizar la teoría de la dependencia exige reinterpretar estos fenómenos a la luz de los actuales patrones de concentración, conflicto y degradación ambiental.
En tal sentido, este trabajo se llevó a cabo mediante la integración de análisis cuantitativo de datos y una revisión bibliográfica para abordar las dinámicas de los regímenes agroalimentarios desde una perspectiva mixta y general. El objetivo central consistió en describir los tipos de regímenes agroalimentarios en ALC y, como ejemplo, el régimen mexicano. Para ello se construyeron un conjunto de tipologías o «tipos ideales» regionales al estilo weberiano, como herramientas analíticas pertinentes en las Ciencias Sociales:
En el caso concreto de México, se propone una tipología dual que articula grandes agronegocios globalizados con producción agroalimentaria para consumo regional, nacional o de subsistencia. Finalmente, el artículo se estructura en cuatro secciones: primero, se expone la metodología; después, se analizan los datos empíricos de producción y comercio agroalimentario; en tercer lugar, se presenta el estudio de caso mexicano; y, por último, se ofrecen reflexiones sobre sostenibilidad y el derecho a la alimentación, en diálogo con lo propuesto por Bueno et al., (2025).
Este estudio adoptó un enfoque mixto para analizar las dinámicas agroalimentarias en ALC desde una perspectiva regional comparada. Se empleó un diseño no experimental y de alcance descriptivo, orientado a identificar patrones productivos y fenómenos socioeconómicos. Los datos cuantitativos provienen de FAOSTAT (2023), incluyendo variables sobre producción agropecuaria y comercio (importaciones y exportaciones), expresadas en toneladas métricas. La narrativa se elaboró con base en países como unidades de análisis, bajo las consideraciones de Becker (2011) para narrar y contextualizar los datos.
La base de datos fue depurada para corregir inconsistencias en la nomenclatura de países y productos, asegurando comparabilidad entre los 28 países seleccionados por sus características sociohistóricas. Se procuró una representación regional equilibrada, con especial atención en el Caribe. El análisis estadístico descriptivo permitió examinar producción total, categorías de productos, distribución regional e intercambio comercial (importaciones y exportaciones), tanto a nivel nacional como agregado. Los datos se organizaron en campos específicos para facilitar comparaciones y construir tipologías que captaran patrones de especialización y diversificación agrícola en ALC.
Para garantizar la validez y confiabilidad de los resultados, se aplicaron controles rigurosos, como la verificación cruzada con fuentes secundarias en el caso específico de México. Se corrigieron inconsistencias relacionadas con valores faltantes o unidades de medida. Asimismo, se incorporaron las reflexiones de Becker (2018) sobre la importancia del contexto y la reflexividad en la interpretación, construcción y presentación de los datos.
El análisis cualitativo se basó en una revisión bibliográfica exhaustiva de 50 obras sobre regímenes agroalimentarios en ALC, que incluye textos recientes (2020–2025), estudios de la última década (2010–2019) y clásicos fundamentales sobre dependencia y estructuras agrarias. La selección abarcó artículos indexados en Google Académico, Redalyc y SciELO, así como libros, tesis y documentos de organismos como FAO, CEPAL e IICA. Esta base permitió articular enfoques teóricos (dependencia, neoextractivismo, regímenes alimentarios) con estudios empíricos sobre cadenas de valor, políticas agrícolas y resistencia campesina. El análisis interpretativo se centró en los contextos históricos, sociales y territoriales, enriqueciendo la lectura crítica de los datos estadísticos y permitiendo contextualizar las relaciones de poder y subordinación que estructuran el agro en la región.
En el régimen de exportación a gran escala, Brasil, México y Argentina representan los principales «tipos ideales», caracterizados por su inserción subordinada en los mercados globales y la producción intensiva de cultivos como soja, maíz y frutas. En el caso brasileño, Mançano (2012) advirtió que este modelo profundiza desigualdades rurales y conflictos territoriales, tendencia confirmada y actualizada por Pitta, Mendonça y Stefano (2022).
En México, Fletes (2012) identificó que la inserción agroexportadora impulsada por el TLCAN1 consolidó un modelo dependiente dominado por grandes corporaciones, tendencia que se reafirma con su renegociación (T-MEC, 2020) al profundizar la especialización en bienes primarios para EE. UU, debilitando así, la soberanía alimentaria local (Wise, 2020). En Argentina, Molpeceres (2022) destacó las tensiones entre el uso de agroquímicos y la agroecología como reflejo de un régimen orientado a la competitividad global en detrimento de la sostenibilidad. Pérez y Gracia (2021) complementan esta visión con su análisis de la reestructuración desigual asociada al agronegocio. Estos casos muestran las contradicciones que marcan a los regímenes agroalimentarios latinoamericanos más consolidados.
El segundo tipo ideal corresponde a regímenes diversificados con comercio exterior moderado, como el caso de Ecuador, donde se combinan exportaciones selectivas y mercados locales. Coronel y Caridad (2018) documentaron intentos por replicar políticas sostenibles de Costa Rica, aunque persisten limitaciones en infraestructura y organización (Moreno et al., 2019). Por su parte, Intriago et al., (2017) destacan el papel de movimientos campesinos e indígenas en la promoción de la agroecología como alternativa para equilibrar sostenibilidad y mercado, lo que se alinea con perspectivas teóricas sobre persistencia campesina (Chayanov, 1966; Wolf, 1971; Van der Ploeg, 2013; Boltvinik y Mann, 2020).
El tercer tipo de régimen predomina en países de Centroamérica, el Caribe y zonas rurales andinas, donde la producción se orienta al autoconsumo o a formas limitadas de especialización. En Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, los pequeños productores dependen principalmente de cultivos básicos como maíz y frijol (FAO, 2021). Namdar et al., (2020) advierten que, en Guatemala, esta estructura ha reforzado la vulnerabilidad alimentaria, al combinarse con una alta dependencia de importaciones y desigualdades históricas en el medio rural.
En términos generales, la literatura va desde enfoques «optimistas» hasta visiones críticas. Entre los primeros, Buck et al., (2020) valoran prácticas locales como los sistemas agroforestales en Ecuador, mientras que Malard et al., (2024) destacan la contribución de la agroecología y el saber tradicional a la seguridad alimentaria y la adaptación climática. Por contraste, estudios críticos advierten que las nuevas dinámicas agroalimentarias incrementan la vulnerabilidad socioecológica, afectada por el cambio climático y la volatilidad de los mercados (Altieri y Nicholls, 2020; González, 2019). En esta línea, Sotelsek y Laborda (2019) y Bueno et al., (2025) subrayan la necesidad de políticas diferenciadas que fortalezcan a los pequeños y medianos productores frente a las brechas estructurales.
En suma, la literatura señala que los regímenes agroalimentarios en ALC articulan dinámicas globales y locales bajo patrones persistentes de dependencia estructural, aunque coexisten formas alternativas impulsadas por comunidades indígenas y campesinas (McMichael, 2009; Giraldo y Rosset, 2018). Mientras algunos países optan por modelos exportadores (Burch y Lawrence, 2013), otros buscan equilibrar demandas externas con producción local y sostenibilidad (Altieri y Nicholls, 2020). Este escenario requiere enfoques analíticos renovados para comprender la complejidad de las nuevas formas de dependencia, especialmente en torno a la producción y soberanía alimentaria (CEPAL, FAO y WFP, 2022), lo que representa el objetivo central de este artículo.
Datos de la producción agroalimentaria en ALC
La presentación de los resultados cuantitativos comienza con el análisis de la producción agroalimentaria en 28 países Latinoamericanos, agrupados en la tabla 1. Se seleccionaron las opciones de «cultivos primarios», «cultivos derivados», «ganadería primaria» y «ganadería procesada», con los datos más actuales de FAOSTAT, sumando el total de productos y sus cantidades por país. En ese sentido, para 2023, el total de producción en estos países superó los 2 billones de toneladas, distribuidas de la siguiente manera:
Tabla 1. Producción Agroalimentaria en América Latina y El Caribe (2023)
|
México Argentina Colombia Guatemala Perú Paraguay Ecuador Bolivia República Dominicana Chile Cuba Venezuela Costa Rica Nicaragua |
1,266,277,907.10 169,636,929.05 146,718,273.99 77,140,787.56 43,454,174.97 42,356,679.41 30,209,758.74 25,391,520.02 23,181,278.69 18,261,607.49 17,467,869.75 14,203,962.59 14,146,202.12 13,276,111.44 11,936,933.62 |
64.78 8.68 7.51 3.95 2.22 2.17 1.55 1.30 1.19 0.93 0.89 0.73 0.72 0.68 0.61 |
Honduras Uruguay El Salvador Haití Panamá Puerto Rico Trinidad y Tobago Dominica Barbados San Vicente y las granadinas Granada Santa Lucia Antigua y Barbuda |
11,738,834.94 9,738,882.59 9,729,042.36 4,485,982.06 4,064,721.05 612,741.98 186,963.30 139,280.83 123,761.22 88,834.23 48,300.74 39,325.60 13,214.86 |
0.60 0.50 0.50 0.23 0.21 0.031 0.010 0.007 0.006 0.005 0.002 0.002 0.001 |
Nota. Elaboración propia, basada en datos de FAOSTAT 2023.
Estos resultados del análisis de la producción agrícola, pecuaria y de alimentos procesados, muestran una alta concentración en unos pocos países, lo que apunta hacia una estructura altamente desigual del sector agroalimentario regional. Brasil encabezó la producción en 2023 con poco más de 1,266 millones de toneladas, lo que representó el 64.78 % del total regional en dicho año, seguido de México y Argentina, con 169.6 y 146.7 MDT, respectivamente. Juntos, estos tres países concentraron el 81 % de la producción:
Figura 1. Participación en la producción agroalimentaria de los principales países de ALC

Nota. Elaboración propia a partir de datos de FAOSTAT 2023, con tecnología de Bing© GeoNames, Microsoft, OpenStreetMap, Overture Maps Foundation.
El mapa muestra la distribución de la producción agroalimentaria total en ALC durante el año 2023, medida en toneladas. En este, destaca Brasil como el régimen hegemónico del sector agroalimentario regional y representa un límite superior altamente contrastante con el inferior. En contraste, países del Caribe y Centroamérica apenas superan las 13 mil toneladas, como el caso de Antigua y Barbuda. En otros países la producción agroalimentaria presenta rasgos particulares al hacer un corte de 6 naciones en la escala productiva, se puede apreciar gráficamente su participación:
Figura 2. Participación en la producción regional de 6 países latinoamericanos

Nota. Se presentan datos absolutos sobre la producción en millones de toneladas. Elaboración propia a partir de datos de FAOSTAT 2023.
Los resultados muestran una concentración productiva en países andinos y del Cono Sur, Colombia encabeza este grupo con más de 75 MDT, seguido por Guatemala y Perú con cerca de 44 MDT. Estos países combinan cultivos de exportación y producción para el consumo interno, Paraguay, Ecuador y Bolivia, con volúmenes entre 23 y 30 MDT, también son relevantes, en el caso de Paraguay que destaca por su modelo agroexportador basado en soja y carne, mientras que Bolivia y Ecuador articulan agricultura tradicional con sectores agroindustriales en expansión.
Figura 3. Participación en la producción regional de 9 países Latinoamericanos

Nota. Se presentan datos absolutos sobre la producción en millones de toneladas. Elaboración propia a partir de datos de FAOSTAT 2023.
Aunque con bajo volumen absoluto, varias naciones tienen un rol relevante en términos de especialización y articulación agroalimentaria regional, República Dominicana y Chile, con cerca de 20 MDT, cuentan con sectores específicos integrados moderadamente al mercado internacional. En el caso de Cuba, Venezuela y Costa Rica, con más de 13 MDT, presentan modelos mixtos que combinan abastecimiento interno y exportaciones selectivas, pero enfrentan limitaciones tecnológicas, climáticas y de insumos. Además, Nicaragua, Honduras, Uruguay y El Salvador, con menos de 12 millones, apuntan hacia una mayor vulnerabilidad estructural, basada en cultivos tradicionales y estructuras agrarias fragmentadas.
En 2023, los países con menor producción agroalimentaria en ALC registraron volúmenes muy reducidos, por ejemplo, Haití y Panamá superaron los 4 MDT mientras que, Puerto Rico apenas rebasó las 600 mil. En los pequeños estados insulares del Caribe Oriental, como Trinidad y Tobago, Dominica o Antigua y Barbuda, las cifras oscilaron entre 186 mil y 13 mil toneladas. Estas limitadas escalas productivas responden, en gran medida, a las condiciones geográficas, estructurales y climáticas.
Principales productos agroalimentarios en ALC
En este apartado se presentan los 50 principales productos agroalimentarios de ALC, a partir de datos de FAOSTAT correspondientes a 28 países y al año 2023. Los registros fueron filtrados y agrupados por producto; se calculó tanto su volumen total en toneladas métricas como su porcentaje relativo respecto al total regional. Este análisis permitió identificar los productos más representativos de la región y su peso en la estructura productiva del subcontinente.
Tabla 2. 50 principales productos agroalimentarios en América Latina y El Caribe (2023)
|
Producto |
Producción Total (toneladas) |
N.° de países que producen |
% del total producción |
|
Azúcar, caña |
987,417,048.21 |
22 |
49.09 |
|
Maíz |
218,340,872.62 |
27 |
10.86 |
|
Grano de soja |
192,183,996.18 |
16 |
9.56 |
|
Leche cruda de ganado bovino |
87,441,578.04 |
28 |
4.35 |
|
Huevos de gallina con cáscara, frescos |
67,528,666.96 |
28 |
3.36 |
|
Bananos |
33,105,316.13 |
26 |
1.65 |
|
Carne de pollo, fresca o refrigerada |
28,972,193.47 |
28 |
1.44 |
|
Trigo |
28,165,543.17 |
12 |
1.40 |
|
Naranjas |
27,463,844.05 |
26 |
1.37 |
|
Yuca, fresca |
27,428,717.71 |
26 |
1.36 |
|
Arroz |
25,594,227.59 |
22 |
1.27 |
|
Aceite, nuez de palma |
24,456,005.48 |
13 |
1.22 |
|
Carne, ganado vacuno, fresca o refrigerada |
20,512,608.89 |
28 |
1.02 |
|
Papas, patatas |
20,492,036.44 |
21 |
1.02 |
|
Tomates, frescos |
13,847,315.70 |
27 |
0.69 |
|
Sorgo |
12,215,864.43 |
18 |
0.61 |
|
Piña tropical |
10,643,160.36 |
24 |
0.53 |
|
Carne, cerdo, fresca o refrigerada |
10,217,706.96 |
28 |
0.51 |
|
Algodón con semilla, sin desmotar |
9,131,639.85 |
17 |
0.45 |
|
Limones y limas |
8,655,933.47 |
26 |
0.43 |
|
Plátanos (Verde) y bananos para cocinar |
7,946,433.04 |
20 |
0.40 |
|
Mangos, guayabas y mangostanes |
7,295,790.38 |
24 |
0.36 |
|
Uvas |
7,244,663.39 |
14 |
0.36 |
|
Cebada |
7,229,469.51 |
10 |
0.36 |
|
Aguacates |
7,141,335.27 |
24 |
0.36 |
|
Otras hortalizas frescas |
7,025,682.14 |
27 |
0.35 |
|
Cebollas y chalotes, secos (excepto deshidratados) |
6,610,218.63 |
22 |
0.33 |
|
Frijoles, secos |
5,667,830.38 |
24 |
0.28 |
|
Café, verde |
5,650,763.54 |
21 |
0.28 |
|
Sandías |
5,412,499.62 |
24 |
0.27 |
|
Semilla de girasol |
5,350,618.57 |
9 |
0.27 |
|
Coco, con cáscara |
5,234,406.59 |
22 |
0.26 |
|
Papayas |
4,751,899.48 |
21 |
0.24 |
|
Ajíes y pimientos, verdes |
4,741,792.49 |
24 |
0.24 |
|
Otras frutas tropicales |
4,334,225.66 |
16 |
0.22 |
|
Manzanas |
4,272,849.54 |
15 |
0.21 |
|
Tangerinas, mandarinas, clementinas |
3,745,577.87 |
16 |
0.19 |
|
Melón Cantalupo y otros melones |
3,214,912.82 |
22 |
0.16 |
|
Despojos comestibles de bovinos, frescos, refrigerados o congelados |
2,967,254.95 |
28 |
0.15 |
|
Otras frutas |
2,957,423.08 |
24 |
0.15 |
|
Cueros y pieles en bruto vacuno |
2,460,751.17 |
28 |
0.12 |
|
Maní con cáscara |
2,226,163.31 |
19 |
0.11 |
|
Calabazas, zapallo, calabaza confitera |
2,212,700.59 |
25 |
0.11 |
|
Batatas, boniatos |
1,987,402.64 |
26 |
0.10 |
|
Zanahorias y nabos |
1,951,929.23 |
22 |
0.10 |
|
Hojas de yerba mate |
1,878,751.30 |
3 |
0.09 |
|
Maíz verde |
1,821,879.24 |
12 |
0.09 |
|
Avena |
1,796,052.03 |
8 |
0.09 |
|
Pepinos, pepinillos |
1,353,838.23 |
20 |
0.07 |
|
Coliflor y brócol |
1,235,324.91 |
14 |
0.06 |
Nota. La producción se presenta estandarizada en la medida de toneladas (t). Elaboración propia, basada en datos de FAOSTAT 2023.
Estos resultados apuntan hacia una estructura agroalimentaria latinoamericana caracterizada por una fuerte concentración en pocos productos básicos, bajo una lógica de especialización primaria que, históricamente, ha configurado las economías de la región. De acuerdo con los datos recopilados para estos 28 países, tres productos (caña de azúcar, maíz y huevos frescos de gallina) representan casi el 60 % del total de la producción. Este patrón de concentración también se vincula con procesos más amplios de financiamiento y globalización agroalimentaria, como muestra Pérez (2023) para el caso de la avicultura, donde la lógica empresarial transnacional y los instrumentos financieros han redefinido los esquemas productivos hacia modelos altamente especializados, con baja diversificación y fuerte dependencia estructural.
Además, la concentración agroalimentaria en ALC no sólo es sectorial, sino también territorial: Brasil, México, Argentina y Colombia generan más del 80 % del total regional, mientras que países caribeños e insulares participan marginalmente. Esta desigualdad se inscribe en una presión estructural entre el agroexportador industrial y los sistemas locales de abastecimiento. Productos como caña, soya o palma se orientan a la acumulación a gran escala y otros bienes esenciales se importan o dependen de economías campesinas de menor escala. Esta «dualidad productiva» (Ávila et al., 2021), expresa la coexistencia de dos modelos dentro de un mismo régimen, fenómeno que se esclarece mejor con datos comerciales.
La balanza comercial agropecuaria de ALC
Para avanzar en la comprensión de los regímenes agroalimentarios, se presentan los datos del comercio agropecuario de los 28 países de ALC. Se agruparon las importaciones y exportaciones en millones de dólares (MDD) y se calculó la balanza comercial agropecuaria, que muestra la diferencia entre las exportaciones e importaciones de cada país. En la tabla se presenta el saldo de la Balanza Comercial Agroalimentaria (BCA) para esta región en 2023, desagregado por país:
Tabla 3. Balanza Comercial Agropecuaria en América Latina y El Caribe (2023)
|
País |
Importaciones |
Exportaciones |
Saldo BCA |
|
Brasil |
13,400.30 |
147,763.5 |
134,363.2 |
|
Argentina |
7,896.20 |
33,121.8 |
25,225.6 |
|
México |
36,476.30 |
46,030.4 |
9,554.1 |
|
Paraguay |
1,280.80 |
8,918.7 |
7,637.9 |
|
Uruguay |
1,962.10 |
6,773.20 |
4,811.1 |
|
Perú |
6,528.20 |
10,299.1 |
3,770.9 |
|
Ecuador |
3,474.30 |
6,908.1 |
3,433.8 |
|
Chile |
9,888.50 |
13,127.1 |
3,238.6 |
|
Costa Rica |
3,115.90 |
5,981.2 |
2,865.3 |
|
Guatemala |
5,163.50 |
7,130.5 |
1,967.0 |
|
Bolivia |
830.1 |
2,594.8 |
1,764.7 |
|
Nicaragua |
1,796.60 |
2,997.5 |
1,200.9 |
|
Colombia |
8,810.80 |
9,838.6 |
1,027.8 |
|
Honduras |
3,138.80 |
3,758.4 |
619.6 |
|
Dominica |
74.60 |
9.1 |
-65.5 |
|
Granada |
147.10 |
21.2 |
-125.9 |
|
Santa Lucía |
149.70 |
17.1 |
-132.6 |
|
San Vicente y las Granadinas |
167.50 |
27.7 |
-139.8 |
|
Antigua y Barbuda |
174.3 |
4.1 |
-170.2 |
|
Barbados |
444.2 |
113.9 |
-330.3 |
|
Trinidad y Tobago |
1,230.60 |
424.9 |
-805.7 |
|
El Salvador |
3,224.70 |
1,322.0 |
-1,902.7 |
|
Panamá |
2,389.90 |
393.9 |
-1,996.0 |
|
Cuba |
2,703.20 |
484.8 |
-2,218.4 |
|
República Dominicana |
5,147.50 |
2,763.0 |
-2,384.5 |
|
Haití |
2,562.30 |
57.8 |
-2,504.5 |
|
Venezuela |
3,693.20 |
192.9 |
-3,500.3 |
|
TOTAL |
125,871.20 |
311,075.30 |
185,204.10 |
Nota. Es probable que las actividades comerciales de Puerto Rico estén integradas dentro de las estadísticas de comercio de Estados Unidos. Elaboración propia, basada en datos de FAOSTAT 2023. Se refieren a millones de dólares.
Los resultados permiten inferir la existencia de una marcada concentración del poder exportador en países como Brasil, con más de 134 mil MDD de superávit en 2023, es el régimen agroexportador hegemónico dentro del MERCOSUR, por su elevada orientación hacia mercados globales como EE. UU y Europa, Argentina y México le siguen con saldos positivos, pero con trayectorias distintas «el primer consolidado en productos como la soja (Dal Pont y Martínez, 2024) y el segundo con una inserción mixta que combina exportaciones intensivas y alta dependencia de insumos externos» (González, 2019).
Con menor escala productiva, países como Chile, Colombia y Perú, sostienen superávits comerciales moderados gracias a estrategias de especialización en productos de alto valor agregado, que les permiten competir en nichos especializados (Espinoza, 2021). Esta lógica responde a un modelo de «especialización selectiva» (Friedmann y McMichael, 1989), donde algunos países logran insertarse en el sistema agroalimentario mundial no por la magnitud de su oferta, sino por una diferenciación cualitativa. En el caso de, Ecuador, Costa Rica, Guatemala y Nicaragua conforman un régimen intermedio que combina exportación de cultivos tropicales con abastecimiento interno y una articulación de esquemas flexibles de integración global (Castillo y Martínez, 2022). Aunque con menor diversificación, se cuenta con cierta estabilidad ante la volatilidad del mercado, en sintonía con las estrategias híbridas entre reproducción campesina y producción para el capital (Bernstein, 2010). En contraste, países como Haití, Barbados y Santa Lucía presentan déficits comerciales agroalimentarios, muestra de la dependencia estructural del abastecimiento externo. Si bien algunos han buscado posicionarse en nichos con productos diferenciados, las capacidades productivas son limitadas (Arias et al., 2024).
Finalmente, los casos de Cuba y Venezuela ilustran regímenes atípicos, cuentan con capacidades productivas importantes, pero enfrentan restricciones políticas y económicas severas (internas y externas) que obstaculizan su desempeño exportador. Por lo tanto, en ambos casos, el saldo negativo se asocia más a la desarticulación de sus economías internas que a una falta de potencial productivo.
Principales productos agropecuarios de exportación e importación en ALC
Para avanzar en el análisis del comercio es preciso reconocer los productos que más se exportan, así como los que se importan en mayor medida en la región, por lo tanto, para ofrecer una explicación más refinada de los regímenes agroalimentarios en términos comerciales en la siguiente figura se presenta un gráfico de pastel en el que se aprecia la distribución de los principales productos agroalimentarios que se exportaron en el año de análisis:
Figura 4. Principales productos agroalimentarios exportados en América Latina y El Caribe (2023)

Nota. Se trata del valor relativo a la producción total de un conjunto de 27 países dado que no se encuentran datos de comercio para el caso de Puerto Rico en esta base de datos. Elaboración propia a partir de datos de FAOSTAT 2023.
La gráfica muestra que ocho rubros, entre los que destacan el grano de soja, maíz, torta de soja, carne bovina y café verde, concentraron cerca del 53 % del valor total exportado por la región. Este patrón responde a lo que Bernstein (2010) describe como regímenes de reproducción dependiente del capital agrario global. La soja en grano, con más de 58 mil MDD y cerca del 19 % del total exportado es el eje del modelo extractivista agroalimentario latinoamericano, seguido por el maíz y la torta de soja, vinculados a cadenas alimentarias y energéticas con alta demanda internacional.
También destacan las exportaciones de carne deshuesada de vacuno y carne de pollo, que indican un giro agroindustrial proteico en países del Cono Sur como Argentina, Brasil y Uruguay (Vázquez et al., 2023). La dependencia de productos como café verde, azúcar y aceite de soja demuestran que los sectores tradicionalmente campesinos han sido reconfigurados para ajustarse a las demandas del mercado global, en detrimento de la soberanía alimentaria interna. Esta tendencia coincide con las tesis de McMichael (2013) sobre la transición alimentaria global y la incorporación subordinada de las periferias a una dieta internacionalizada, controlada por cadenas corporativas globales.
Una parte significativa de las exportaciones agroalimentarias (47.3 % del valor total) se agrupa en la categoría de «otros», compuesta por más de 450 productos según la base de FAOSTAT. Esta diversidad incluye bananos, cerveza de cebada, productos orgánicos, alcohol etílico y aguacates, entre otros, en regímenes diferenciados de inserción internacional, en muchos casos, se observan estrategias de especialización flexible orientadas a nichos de mercado, como productos frescos, orgánicos o con denominación de origen en busca de segmentos de alta demanda sin depender del volumen.
Este patrón fragmentado corresponde al régimen agroalimentario intermedio donde coexisten producción tradicional, agricultura familiar comercial y cadenas agroindustriales especializadas (Ávila et al., ٢٠٢١). En términos de Van der Ploeg (٢٠١٣), se da una «reconfiguración del campesinado ampliado», que no desaparece, sino que se adapta estratégicamente al mercado global, pero esta diversidad convive con una subordinación a la lógica exportadora de materias primas con limitada autonomía local y exigencias internacionales en trazabilidad, residuos y certificaciones (Castillo y Martínez, 2022).
En lo que respecta a las importaciones de los productos agroalimentarios de este conjunto de países de ALC, los datos se han preparado en una gráfica similar a la anterior. Avanzando en el análisis, se comparan los aspectos señalados previamente sobre producción y exportaciones, con las importaciones de la región:
Figura 5. Principales productos agroalimentarios importados en los 27 países de A.L. y el Caribe (2023)

Nota. Se trata del valor relativo a la producción total de un conjunto de 27 países dado que no se encuentran datos de comercio para el caso de Puerto Rico en esta base de datos. Elaboración propia a partir de datos de FAOSTAT 2022.
El análisis de las importaciones agroalimentarias en ALC durante 2023 presenta una alta concentración en bienes primarios y procesados básicos. Los doce principales productos concentran casi la mitad del valor total importado el resto se distribuye entre más de 400 rubros en «otros». Este patrón da cuenta de una dependencia estructural del abastecimiento externo en insumos esenciales, especialmente cereales, oleaginosas y alimentos procesados.
Así, los datos demuestran las asimetrías estructurales que marcan la inserción agroindustrial de ALC en el sistema internacional. Como señala Taraborrelli (2022) esta dependencia se manifiesta tanto entre países como dentro de los propios territorios, donde los complejos más dinámicos se vinculan a circuitos exportadores, en línea con Cardoso y Faletto (1976). De tal modo, pese a ser exportadoras netas de materias prima, muchas economías periféricas dependen de la importación de bienes básicos y procesados, no tanto por incapacidad productiva, sino como parte de un régimen de acumulación desigual que transfiere valor desde la periferia hacia los centros de poder (Prebisch, 1949; Frank, 1967).
El caso del régimen agroalimentario mexicano
Para refinar el análisis, se utilizó el caso de México como contraste para evaluar la consistencia de los datos de producción agrícola, pecuaria y de alimentos procesados en 2023. Los resultados confirmaron la coherencia entre el total nacional (169,636,929 toneladas) y las cifras regionales calculadas en la tabla 1, tras sumar los totales por producto. No obstante, la base de datos de FAOSTAT presenta ciertos sesgos derivados de la estandarización y las fuentes diversas empleadas, incluyendo estimaciones en algunos casos específicos.
En este sentido, se cruzaron los datos de FAOSTAT con los de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) de México y se identificaron leves discrepancias que previenen sobre el uso de fuentes oficiales. Por ejemplo, en 2023 la superficie cosechada difiere en casi 4 millones de hectáreas: 18,383,456 según SADER frente a 14,442,511 en FAOSTAT. Esta diferencia se explica por los criterios de estandarización, ya que FAOSTAT se enfoca en cultivos alimentarios, mientras que SADER incluye también cultivos industriales u ornamentales. Al revisar cultivos específicos para alimentación, se constató una correspondencia sustantiva entre ambas fuentes.
Una vez superadas las discrepancias iniciales, ambas bases confirman que cultivos como maíz, frijol y caña de azúcar predominan en México, lo que comprueba la dualidad de este régimen agroalimentario. Por un lado, se observa una especialización exportadora en productos de alto valor como aguacate, berries, naranja y tomate; por otro, persiste un enfoque de autosuficiencia en granos básicos esenciales para la seguridad alimentaria. Este equilibrio parcial entre integración global y abastecimiento interno se ve atravesado por relaciones estructurales de dominación y dependencia, tanto internas como externas.
En este orden de ideas, la comparación entre las bases de datos de FAOSTAT y SADER muestra una cierta coherencia en los datos de producción agropecuaria de México, por lo que se corrobora su pertinencia para el análisis agroalimentario tanto a nivel nacional como internacional:
Tabla 4. Principales productos agrícolas en México, comparación FAO-SADER (2023)
|
Producto |
Producción en FAO (t) |
Producción en SADER (t) |
Diferencia SADER-FAO (t) |
|
Caña de azúcar Manzanas Melones
|
55,977,193.30
648,541.00 481,128.90
347,291.20 |
55,589,515.48
648,541.00 |
-387,677.82 0.03 -0.05 0.01 -757,879.54 0.00 1,566,714.11 -0.01 0.02 -406,124.09 0.01 -0.04 -0.05 -0.02 9,424.50 0.02 0.02 -0.02 -0.01 0.01 0.02 0.00 0.02 -0.04 -200,601.21 -0.03 0.00 0.02 -0.02 -0.02 -0.05 |
Nota. La producción se presenta en toneladas (t). Se excluyó al café dado que los datos son altamente dispares entre ambas bases de datos, por lo que alteraba significativamente el resultado global. Elaboración propia, basada en datos de FAOSTAT y SADER 2023.
La comparación entre los datos de FAOSTAT y SADER para 2023 muestra una coherencia general en la producción agrícola de México, pese a discrepancias puntuales en cultivos estratégicos como tomate (más de 750 mil toneladas), mango (406 mil) y limón (1.5 millones). La diferencia acumulada entre ambas bases no supera las 13 mil toneladas, lo que sugiere una consistencia aceptable para el análisis agregado. Sin embargo, también evidencia la necesidad de criterios metodológicos reflexivos en la estandarización de datos (Becker, 2018), especialmente en casos como mango y limón, donde FAOSTAT agrupa categorías (mangos con mangostanes, limas con limones), lo que dificulta la comparación directa.
En términos analíticos, México presenta una estructura agrícola diversificada y marcada por una dualidad estructural, cultivos de gran escala (caña de azúcar, maíz, trigo) dominan el volumen nacional, mientras que productos como aguacate, berries, jitomate o pimientos configuran una oferta agroexportadora altamente especializada, especialmente en el marco del T-MEC (Wise, 2020; Fletes, 2012). No obstante, como advierten Boltvinik y Mann (2020), muchos pequeños productores continúan en esquemas de baja rentabilidad, acceso limitado a insumos y dependencia de cultivos tradicionales de escaso valor comercial.
En conjunto, el régimen agroalimentario mexicano se caracteriza por una inserción dual en el sistema internacional, mientras consolida su presencia exportadora en segmentos de alto valor agregado, depende al mismo tiempo de la importación de alimentos básicos como: maíz amarillo, el arroz y el trigo (FAO, 2021; CEPAL et al., 2023). Esta situación da lugar a un régimen que reproduce tanto la subordinación comercial como las desigualdades internas, un fenómeno típico de los regímenes agroalimentarios dependientes en ALC (Friedmann y McMichael, 1989; Cardoso y Faletto, 1979).
Este estudio analizó las dinámicas de los regímenes agroalimentarios en América Latina y el Caribe (ALC), evidenciando patrones persistentes de especialización, concentración productiva y subordinación comercial. La coherencia entre las bases de datos utilizadas (FAOSTAT y SADER) refuerza la validez de los resultados y sugiere la utilidad del enfoque metodológico para estudios comparativos.
Desde un marco crítico de la teoría de la dependencia, se constató que la inserción de ALC en las cadenas globales de valor reproduce lógicas históricas de subordinación, al basarse en la exportación de productos primarios y la importación de bienes procesados. Dicha configuración limita las posibilidades de desarrollo agroindustrial autónomo y profundiza desigualdades estructurales entre países y territorios.
Los principales hallazgos muestran una alta concentración de la producción y el comercio agroalimentario en pocos países y rubros, lo cual sugiere una vulnerabilidad estructural frente a los mercados internacionales. En consecuencia, se recomienda fomentar la diversificación productiva y fortalecer las capacidades locales de transformación agroindustrial.
En el caso mexicano, se identificó un régimen dual que articula sectores agroexportadores altamente especializados con modelos de autosuficiencia alimentaria, reflejando una heterogeneidad productiva y territorial. Esta dualidad plantea retos particulares, tanto por la desigualdad en el acceso a recursos como por la dependencia de importaciones en alimentos estratégicos.
Finalmente, el artículo plantea la necesidad de profundizar en las interrelaciones entre dependencia agroalimentaria, sostenibilidad ambiental y justicia social. También propone explorar el papel de los pequeños y medianos productores en modelos alternativos de inserción global, como vía para construir sistemas agroalimentarios más justos y sustentables en la región Latinoamericana y caribeña.
Agradecimientos
Agradecimiento a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI). Se agradece también a la Editorial Universitaria y a los revisores dado que su acompañamiento y observaciones fueron cruciales para la mejor construcción de este artículo.
Agradecimiento a los revisores
La Revista «La Universidad» agradece a los siguientes revisores por su evaluación y sugerencias en este artículo:
Universidad de El Salvador, Unidad Ambiental
Universidad de El Salvador
Sus aportes fueron fundamentales para mejorar la calidad y rigor de esta investigación.
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